GRANDES ARTISTAS MODERNOS: AZ, Andy Tuohy & Christopher Masters

0


ANDY TUOHY & CHRISTOPHER MASTERS, Grandes artistas modernos: AZ /, Editorial Juventud,  Barcelona, 2017, 224 páginas.

**********
Christopher Masters escribe estas breves semblanzas sobre 52 artistas modernos a los que Tuohy ha dedicado un retrato; entre todos ellos, sólo siete mujeres: Saloua Raouda Choucaiar, Barbara Hepworth, Yayoi Kusama, Georgia O'Keeffe y Frida Kahlo.
**********
FRIDA KAHLO [1907-1954]

   El gran logro de Frida Kahlo (nacida en 1907 en Coyoacán, cerca de Ciudad de México, México) fue transformar su persona en una rica iconografía en la que sus propios rasgos se combinan con motivos relacionados con su vida, así como con el complejo patrimonio de su México natal. Al igual que su marido, el muralista Diego Rivera, Kahlo fue una entregada comunista: Marx y Stalin aparecen en El marxismo dará salud alos enfermos (1954), y pintó varios cuadros con desolados paisajes industriales claramente identificados con el capitalismo estadounidense.
   Kahlo, que nació en el seno de una familia de clase media, sufrió un grave accidente a los 18 años, cuando un tranvía chocó con el autobús en el que viajaba, en Ciudad de México. Nunca se recuperó por completo y tuvo que someterse a más de treinta operaciones a lo largo de su vida. Empezó a pintar en los meses que siguieron al accidente y un año después pintó su primer autorretrato, en el que unas manos y un cuello alargados sugieren la elegancia de una pintura renacentista italiana. Poco a poco fue desarrollando una identidad más claramente mexicana. En Autorretrato en la frontera entre México y Estados Unidos (1932), se representa con la bandera nacional en la mano junto a una pirámide precolombina. En cuadros posteriores se pintó con un mono, un loro o una flor tropical, con un tocado de encaje mexicano.
   A veces Kahlo se representaba con la cara de Rivera, con quien se casó en 1929, superpuesta sobre su frente, con los hombros de él cómodamente apoyados sobre las exuberantes cejas de ella. Otras imágenes son reflejo de los aspectos más oscuros y trágicos de su matrimonio. Autorretrato con el pelo cortado (1940) puede interpretarse como una exploración de una identidad andrógina alternativa; no obstante, con la inscripción de la letra de una canción mexicana, también representaba la reacción de Kahlo ante su reciente divorcio de Rivera. El año siguiente volverían a casarse.
   Cuando murió en 1954, en México se lamentó mucho su muerte. Pero su fama mundial no llegó hasta la década de 1970. Su obra ha sido codiciada por coleccionistas famosos, como Madonna, y en 2002 Julie Taymor dirigió una memorable película sobre su vida, Frida, protagonizada por Salma Hayek.


DÓNDE VER LA OBRA DE KAHLO

  • Museo de Arte Moderno, Secretaría de Cultura INBA. Ciudad de México.
  • Museo Dolores Olmedo. Ciudad de México.
  • Museo Frida Kahlo. Ciudad de México.
  • Museum of Modern Art (MoMA). Nueva York.
  • National Museum of Women in The Arts. Washington. D.C.

¿SABIAS QUE...?

La relación de Kahlo y Rivera fue tormentosa: se casaron, se divorciaron y se volvieron a casar un año después. Ambos tuvieron romances extramatrimoniales, entre los que cabría destacar el de Rivera con la hermana menor de Kahlo y el de Kahlo con el destacado comunista León Trotski, tal vez, un acto de venganza por la traición de Rivera y su hermana.

PALABRAS MORIBUNDAS, Álex Grijelmo & Pilar García Mouton

0


ÁLEX GRIJELMO & PILAR GARCÍA MOUTON, Palabras moribundas, Taurus, Madrid, 2011, 386 páginas.
**********

Álex Grijelmo condujo el espacio radiofónico «Palabras moribundas» de RNE desde septiembre de 2004 hasta julio de 2007; después fue responsabilidad de la filóloga Pilar García Mouton. Lo que entonces era oído ahora puede ser leído gracias a la Editorial Taurus.

**********

DANDI

   Suena algo pasada de moda, pero se decía para alguien elegante, bien vestido, refinado y de buenos modales. Ahora se considera un elogio calificar a alguien de dandi, al menos es lo que se deduce de la definición actual del diccionario de la Real Academia: «Hombre que se distingue por su extremada elegancia y buen tono», pero no siempre fue así. La edición de 1927, que es cuando entra la palabra, decía: «Anglicismo por petimetre». Y petimetre venía a ser alguien muy presumido, del francés petit maître, ‘pequeño señor, señorito’, voz que admite femenino, definido como «Persona que se preocupa mucho de su compostura y de seguir las modas», con un matiz un poco despectivo. Así que, al principio, un dandi era un petimetre. La cosa empeoró después, porque los académicos cargaron la mano mucho más con esta palabra en la edición de 1950. Decían allí: «Anglicismo por lechuguino o pisaverde». Un lechuguino es un «Muchacho imberbe que se mete a galantear aparentando ser hombre hecho» y un «Hombre joven que se compone mucho y sigue rigurosamente la moda», un presumido también. La definición de pisaverde es un poco más cruel: «Hombre presumido y afeminado, que no conoce más ocupación que la de acicalarse, perfumarse y andar vagando todo el día en busca de galanteos». Así que petimetre, lechuguino y pisaverde son términos que censuran este tipo de presunción en los hombres. Pero la definición de dandi cambió en la edición del diccionario de 1983 por la que vemos ahora, que es más bien elogiosa.
   Juan Ramón Jiménez escribió sobre los dandis en Españoles de tres mundos:
   Mal está siempre el dandismo, sobre todo el dandismo esteriorizado, en cuanto es representación inútil, teatralidad fuera de tiempo y espacio, estravagancia en la vida cotidiana. Todavía puede comprenderse, no aguantarse, el dandismo auténtico y posible, es decir, cuando el dandi puede serlo plenamente, cuando no es un cursi. [...]. El dandismo de quiero y no puedo, de imitación poblana, me parece nauseabundo.
   Mucho más reciente, del 2 de septiembre de 1994, es un artículo de La Vanguardia, que decía de Jorge Valdano: «De labia grandilocuente y maneras de dandi, el técnico argentino también tendrá que sortear el fuego cruzado entre las emisoras madrileñas, polarizadas por la guerra de audiencias entre la COPE y la SER».
   Es relativamente frecuente oír o leer que alguien tiene aires de dandi, que está o va hecho un dandi. Y mucha gente escribe dandy, a la inglesa, quizá recordando aquella colonia de caballero que se llamaba Varón Dandy, y lo definen como «un señor de cierta edad que siempre aparece impecable», como los galanes del cine o teatro del tipo de Arturo Fernández. Actualmente la palabra se oye poco. Algún exagerado afirma no haberla oído en los últimos treinta años, y cree que se ha ido quedando en el ámbito familiar, donde se usa como piropo normalmente para un señor mayor, padre o abuelo, que cuida de forma especial su aspecto general y, sobre todo, su forma de vestir.
   Ya en 1894, en su zarzuela La verbena de la Paloma, Tomás Bretón y Ricardo de la Vega ponen en boca de don Hilarión la palabra dandy, cuando canta en la escena anterior al famoso «¿Dónde vas con mantón de Manila?»: «¡Soy un dandy!, ¡soy un bribón! Nadie dirá, lo que yo soy». También aparece en la zarzuela La Gran Vía. Y Juan Luis González-Ripoll estuvo a punto de ganar el premio Nadal en 1981 con una novela titulada El dandy del Lunar. Resulta evidente que la palabra está en retroceso, porque siempre surge en referencias a los padres y a los abuelos, no a los hijos. Pero todavía hay gente que la usa.

PERROS EN LA PLAYA, Jordi Doce

0


JORDI DOCE, Perros en la playa, La Oficina, Madrid, 2011, 222 páginas.

**********
Las tintas de Javier Pagola embellecen las paredes del hogar de Jordi Doce. Hay libros en los que uno se quedaría a vivir.
**********

La tierra apelmazada de la página. Esperas, para tu suerte, que haya hormigueros.
***
El regreso es siempre a otro lugar.
***
Hay alguien en mí que no conozco: habla conmigo para saber quién soy.
***
Existes siempre en el hueco que dejan los demás.
***
Escarbar en los estratos de uno mismo como un arqueólogo. Pero primero hay que dejarse arruinar.
***
Días que pasan a la carrera, para no vernos.
***
Robó el hilo con que zurcieron nuestros cuerpos y lo cortó en pequeños fragmentos: eran palabras.



RELATOS REALES, Javier Cercas

0


JAVIER CERCAS, Relatos reales, Acantilado, Barcelona, 2000, 216 páginas.

**********
Puede leerse como un dietario. Eso dice Cercas de este libro que «reúne un puñado de crónicas». Con ellas demuestra que el periodismo no es un género menor.
**********

UNA CANTIDAD INFINITA DE ESPERANZA

   ¿Qué piensa un hombre antes de quitarse la vida? Hay una cantidad infinita de esperanza, dice Kafka, sólo que no para nosotros. Nada nos impide imaginar a Walter Benjamin, a quien tanto gustaba esa frase, recordándola el 26 de septiembre de 1940, en una habitación del hotel França, en Portbou, horas después de que en la aduana le anunciaran que iban a repatriarlo y justo antes de administrarse la dosis de morfina que le ahorraría la desdicha de regresar a la Francia ocupada por los nazis. Huyendo de ella, Benjamin había llegado el día anterior a Banyuls, desde donde, guiado por Lisa Fittko y en compañía de Henny Gurland y del hijo de ésta, cruzó a pie la frontera y entró en España tras nueve horas de penalidades, enfermo y aferrado a una maleta que contenía las Tesis sobre la filosofía de la historia y que, aunque se perdió a su muerte, conocemos gracias a que Georges Bataille conservó una copia. «Había nacido con mala suerte», dijo de él Lisa Fittko.
   En Portbou todo el mundo conoce esa historia, o al menos esa es la impresión que tuve hace unos días cuando fui a visitar la tumba de Benjamín en compañía de mi hijo y de mi amigo Enrique. El cementerio está enclavado en la ladera de una montaña que domina el pueblo. Frente a la fachada se halla el monumento a Benjamin, obra de Dani Karavan. una construcción de metal excavada en la roca, al fondo de la cual, tras un cristal, puede verse un mar transparente lamiendo los arrecifes; en el cristal se lee una frase de Benjamin: «Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre.» Entramos en el cementerio. Aunque Benjamin fue enterrado en el nicho n.° 563, en 1945 sus restos fueron trasladados a una fosa común. Allí siguen, prestigiados por una lápida en la que están grabadas otras palabras de Benjamin: «No hay documento de la cultura que no lo sea también de la barbarie.» Mientras persigo a mi hijo por el cementerio, Enrique me cuenta riéndose que, cuando se inauguró el monumento, la frase de la lápida, elegida al parecer por Jordi Llovet, no les gustó un pelo ni al embajador de Israel ni al representante del Gobierno alemán, pero la risa se le congela en la cara cuando ve que mi hijo se ha parado muy serio delante de un nicho donde figura un nombre exactamente igual al suyo. Salimos sin correr del cementerio, bajamos a Portbou y localizamos el hotel França. Es un edificio de paredes leprosas, con un porrón de madera y un patio rodeado por una verja verde; está abandonado. Mientras miro el portón que Benjamin cruzó hace casi cincuenta años sabiendo que toda la infinita esperanza del mundo ya no era para él, Enrique charla con dos señoras de la familia González, que fue la que administró el hotel hasta que cerró. Aseguran que todo está más o menos igual que hace cincuenta años; también que, cuando iban a cerrar el hotel, el alcalde les dijo: «No lo hagáis. Es una institución en Portbou.»
   Caminando en busca de un bar, Enrique me cuenta que el alcalde, que se llama Paco Martínez y fue interior izquierdo del Barca, compró no hace mucho el antiguo edificio de la aduana, el mismo que pisó Benjamin, el mismo que se ve, al otro lado de la bahía, desde la terraza del bar Riky, donde nos sentamos mientras mi hijo juega a tirar piedras al agua y nosotros seguimos hablando de Benjamin hasta que una camarera nos interrumpe y, mientras le hacemos el pedido, nos cuenta que gracias al suicidio del escritor no sólo se salvaron Henny Gurlana y su hijo, sino también muchos otros fugitivos, a quienes la red que Lisa Fittko y su marido organizaron a raíz de la muerte de Benjamin permitió huir de la Europa nazi; luego la camarera concluye: «De todos modos, habiendo tanto vivo de qué preocuparse, no sé por qué nos preocupamos tanto de los muertos.» El comentario nos corta en seco la conversación, así que nos bebemos la cerveza y pagamos y nos vamos en silencio, viendo cómo cae la noche sobre la bahía, pensando que la camarera, que quizá ha leído a Benjamín, tiene razón y que es más difícil honrar a las personas que no tienen nombre que a las personas célebres, pensando en Henny Gurland y en su hijo y en todos los prófugos que nacieron con más suerte que Benjamin y salvaron la vida, y pensando también, como quien formula un deseo, mientras nos alejamos de Portbou y mi hijo se me ha dormido en el regazo, que hay una cantidad infinita de esperanza y que después de todo quizá una parte mínima sí sea para nosotros. Para alguno de nosotros.

¿QUÉ HACE TAN EXTRAORDINARIA A LA TORRE EIFFEL?, Jonathan Glancey

0



JONATHAN GLANCEY, ¿Qué hace tan extraordinaria a la Torre Eiffel?, Blume, Barcelona, 2017, 176 páginas.

**********
Subtitulado 70 preguntas que cambiarán su forma de pensar sobre la arquitectura recoge los prometidos microensayos con los que el lector común podrá repensar la tarea de Mies van der Rohe, Albert Kahn, Gaudí o calcular la grandeza de la Gran Pirámide de Guiza, Venecia o Stonehenge.
**********

EL GUGGENHEIM DE BILBAO. ¿DISPARATE EMBLEMÁTICO O ESCULTURA URBANA INSPIRADA?

   La inauguración del impresionante Museo Guggenheim de Bilbao fue tan espectacular como el propio edificio. El 17 de octubre de 1997, el día antes de que el rey Juan Carlos I declarase el museo abierto, se descubrió un plan de ETA para asesinar al monarca. Tres terroristas disfrazados de jardineros intentaron colocar bombas en macetas junto a la divertida escultura Puppy, de Jeff Koons, situada cerca de la entrada al museo (donde el rey habría recibido a los asistentes al evento). Un policía vasco, José María Aguirre, abortó el atentado, pero murió por disparos de los falsos jardineros.
   Resulta indiscutible que el museo de Frank Gehry ha ejercido un impacto explosivo en Bilbao, así como en la arquitectura y la planificación urbana contemporáneas. No se parece a ningún otro edificio. Sus pliegues escultóricos de titanio curvado atrapan y reflejan la luz diurna, al tiempo que deslumbran (intelectual y emocionalmente) a visitantes, críticos y políticos de todo el mundo. Se trata de una pieza bonita y caprichosa que se alza en los antiguos muelles de Bilbao, y muy distinta al diseño de 2015 tan falto de ingenio para una sucursal del Guggenheim situada en el centro de Helsinki, por ejemplo. La hazaña de Gehry aportó nueva vida a una zona de Bilbao casi olvidada, a su paisaje urbano y, en el proceso, atrajo a 4 millones de visitantes entre 1997 y 2000. El gobierno vasco informó de que los ingresos obtenidos por esas visitas habían amortizado la construcción del edificio.
   Popular entre los visitantes, cautivó a la mayoría de críticos y estimuló la imaginación de muchos políticos. ¿Y si el «efecto Bilbao» podía repetirse en otras ciudades? ¡Los visitantes, los ingresos, la popularidad y los premios para los políticos! Eso es, más o menos, lo que ocurrió. Ciudades de todo el mundo empezaron a competir por tener los edificios más extravagantes, caprichosos o «emblemáticos». En cuestión de una década brotaron no solo museos y galerías de arte, sino también bloques de oficinas e incluso ayuntamientos en una especie de parque urbano global.
   El problema, como ocurre con el trabajo de Le Corbusier y Mies van der Rohe, es que no todos los arquitectos a los que les gustaría ser tan creativos como Frank Gehry son tan creativos como él. Tampoco todos los grandes centros urbanos necesitan un edificio tan diferente a todo como el Guggenheim de Bilbao. El encargo de edificios y la planificación urbana son artes, además de tratos económicos y ciencias imperfectas. Bilbao acertó. Muchas otras ciudades no, y ahora cuentan con edificios irracionalmente extravagantes que ridiculizan la ciencia y el arte.
   Los críticos groseros y oportunistas aprovecharon la ocasión para atacar a Frank Gehry, como si este inconformista arquitecto canadiense estadounidense hubiese dado rienda suelta de manera consciente a una arquituectura de chiste en todo el mundo. En 2015, la reacción contra la arquitectura «icónica» era la norma entre la crítica. Mientras tanto, Gehry, arquitecto-artista, continuó deleitando e irritando a partes iguales, como ocurrió con el Guggeheim de Bilbao, que es una de las maravillas arquitectónicas indiscutibles del siglo XX?


MICRORRELATOS DOMÉSTICOS, Elías Moro

0


ELÍAS MORO, Microrrelatos domésticos, Takara, 2017, 90 páginas.

**********

TUERTO

   Poco después del accidente en el que perdió el ojo empezó a olvidarse de la mitad de las cosas que había visto hasta entonces, a no tenerlas en cuenta, a perderlas de vista, como si dijéramos.
   De sus dos hijos solo se acordaba de uno, a su mujer la reconocía de frente pero no de espaldas, jugaba al fútbol con la mitad del equipo, se extraviaba de continuo por el barrio que antes del accidente hubiera podido recorrer con los ojos cerrados…
   Los médicos se echan las manos a la cabeza sin encontrar explicación al fenómeno.
   Tampoco el ojo de cristal —última tecnología alemana— ha servido para nada.
   De vez en cuando, sin que nadie lo vea, el ojo bueno llora su desgracia con lágrimas que añoran a sus hermanas del otro lado, perdidas para siempre.

PALABRAS MENORES, Juan Ramón Santos

0


JUAN RAMÓN SANTOS, Palabras menores. Cortometrajes, De la Luna Libros, Mérida, 2011, 90 páginas.
**********
BIBLIOTECA

   Ordenó la biblioteca por colecciones y vio que no le gustaba. Se le antojaba vulgar. Parecía como si hubiese comprado los libros por el mero afán de adornar las paredes. Por eso decidió cambiar y probó a alinearlos por tamaño. El efecto era interesante. Transmitía el carácter práctico y desenfadado de un lector voraz y algo desastroso, pero no acababa de convencerle. Por eso probó a colocarlos por orden cronológico de escritura, en función de la lengua en que habían sido escritos e incluso en el idioma en que habían sido publicados sin llegar a encontrarse del todo satisfecho. Demasiada pedantería, se dijo, y concluyó que quizá lo mejor era un estricto orden alfabético de autores, el criterio aséptico que empleaban las grandes bibliotecas. «Por algo lo harán», pensó. A continuación se puso manos a la obra y comprobó que aquello comenzaba a gustarle, pero que aún le faltaba un toque, un pequeño detalle, el que había de otorgarle verdadero rigor a su biblioteca, la distribución por materias, y repartió escrupulosamente los libros entre poesía, novela y ensayo. «Mucho mejor», se dijo luego, aunque enseguida se dio cuenta de que la colección había de crecer, de que se incorporarían nuevos géneros, nuevos títulos, nuevos autores, y fue dejando hueco en función de esas futuras adquisiciones. Al terminar tomó aire y un poco de distancia, contempló el trabajo en toda su magnitud y el resultado le pareció casi perfecto, pero solo casi, pues algo no funcionaba del todo. Después de darle muchas vueltas comprendió que el problema era que la biblioteca no podía estar desterrada en la soledad recóndita de un dormitorio, que tenía que encontrarse en el mismo corazón de la casa, que solo así alcanzaría la perfección. Entonces recogió solemne sus tres libros y se los llevó al comedor.