ILUSTRES DESCONOCIDOS, Paloma Díaz-Mas

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PALOMA DÍAZ-MAS, Ilustres desconocidos, Agilice Digital, Valladolid, 2014.

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EL ANACORETA DEL CEMENTERIO DE AUTOMÓVILES 

   El viejo anacoreta vive en el rincón más oculto del triste cementerio de automóviles. Está medio desnudo. 
   —Ya he renunciado a todos los bienes: a la casa, a la familia, a la sociedad y la compañía de los hombres, a las riquezas y al dinero. Para no tener ni siquiera el placer de vivir en un lugar fijo, en mi lugar, cada noche duermo bajo un coche distinto. Ya nada me pertenece, y por eso he alcanzado la máxima perfección. 
   —Tienes todavía tu cuerpo: tus ojos para ver, tus manos para tocar, tus oídos para oír. 
   —Pero solo los tengo prestados. He vendido mi cadáver a la Facultad de Medicina, para que los alumnos practiquen con él cuando yo muera. Mi cuerpo les pertenece. 

RELATOS Y POEMAS BREVES PARA GENTE SIN TIEMPO, Rafael García Crisóstomo

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RAFAEL GARCÍA CRISÓSTOMORelatos y poemas breves para gente sin tiempo, Bubok, 2016, 86 páginas.

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YO LO PODÍA VER...

   El tren pasaba una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza. Cuando recibía visitas, y hablo sobre todo de los cumpleaños de la infancia, ver pasar el tren desde la terraza era la principal atracción. Ni tartas ni piñatas, el tren. Cuando dormía, me despertaba con ese sonido tan característico, que a veces se mezclaba con el sonido armónico de la corneta, ya fuese diana o bandera, sonido también cercano aunque del lado opuesto, sonido que también murió con los años, murió de viejo. Y el tren seguía pasando. Una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza, desde mis ventanas. Pero a no sé muy bien quién le molestaba. Sería el ruido, lo primero que pensé. Pero toda mi vida había estudiado y preparado exámenes bajo ese «ruido» y yo nunca me había quejado, más bien lo contrario. Para mí formaba parte de mi existencia. Luego empecé a oír que las vías al aire libre dejaban incomunicadas dos partes del barrio, una a cada lado, que provocaban una «brecha». Pero para mí nunca había sido un problema, pues el camino se hacía igualmente aunque se tardase un poquito más, no había prisa. Yo no entendía nada. Un día desperté con toda la zona acordonada. Era el fin. Días después, enormes planchas de hormigón empezaron a taparlo todo, muy poco a poco. Yo mientras podía seguía disfrutando de mis privilegiadas vistas, aun sabiendo que sus minutos estaban contados. Hoy, allí, hay una especie de parque. Pero ya nada es igual. «Es el progreso», dicen los que entienden. Yo siempre recuerdo el tren pasando una y otra vez. Yo lo podía ver desde mi terraza. 

100 JOYAS DE LA LITERATURA INFANTIL ILUSTRADA, Martin Salisbury

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MARTIN SALISBURY, 100 joyas de la literatura infantil ilustrada, Blume, Barcelona, 2015, 216 páginas.

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En la Introducción (p. 9) Salisbury aclara que en los 100 álbumes elegidos pesa más que la parte literaria «la calidad del dibujo y el diseño». Un gozo para la vista también de los adultos.
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  TED HUGHES, Under the North Star, Faber & Faber, Londres/Boston, 1981.
Ejemplar: 1ª edición. 285 / 200 mm. Ilustrado por Léonard Baskin.

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   En una conversación entre Ted Hughes y Léonard Baskin que grabó el fotógrafo y amigo común Noel Chanan en 1983, la cual sirve de base para el documental que rodó este último en 2009 acerca de la pareja, Baskin describe su dilatada relación laboral como una «afinidad»: una «relación de presencia» más que una «relación de influencia». Baskin desdeñaba la idea de la «ilustración» en el contexto de una poesía como la de Hughes, con el que entabló una relación casi simbiótica que les llevó a ambos a la creación de mundos paralelos de poesía verbal y visual en libros tales como Crow (Cuervo: de la vida y las canciones del Cuervo; 1970) y Cave BirdsAves de cueva»; 1978), ambos editados por Faber & Faber.
   Baskin nació en Nuevo Brunswick, Nueva Jersey, y pasó la mayor parte de su vida en Estados Unidos, si bien durante algunos años residió y trabajó en Reino Unido, cerca de la casa de Hughes, en Devon. Dio clases de grabado y escultura en el Smith College en Northampton, Massachusetts, de 1953 a 1974 (año en el que se marchó a Inglaterra). El libro que publicó en 1973 con el título de Hosie's AlphabetEl alfabeto de Hosie») obtuvo el Caldecott Honor Book de aquel año.
   En 1979, Hughes y Baskin emprendieron un viaje conjunto a lo que este último se refirió como la «auténtica tierra salvaje» del Baxter State Parke de Maine. Fue este viaje el que inspiró la creación de Under the North Star. En el, el poeta y el dibujante crearon letanías para las distintas especies animales que pueblan las tierras salvajes de Maine.

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THE GRIZZLY BEAR

I see a bear
Growing out of a bulb in wet soil licks its bLack tip
With a pink longue its little eyes
Open and see a present an enormous buiging mystery package
Over which it walks sniffing at seams
Digging at the wrapping overjoyed holding the joy off sniffing and scratching
Teasing itself with scrapings and lickings and the thought of it
And little sips of the ecstasy of it

O bear do not open your package
Sit on your backside and sunburn your belly
It is all there it has actually arrived
No matter how long you dawdle it cannot get away
Shamble about lazily laze there in the admiration of it
With all the insects it's attracted ail going crazy
And those others the squirrel with its pop-eyed amazement
The deer with its pop-eyed incredulity
The weasel pop-eyed with envy and trickery
All going mad for a share wave them off laze
Yawn and grin let your heart thump happily
Warm your shining cheek fur in the morning sun

You have got it everything for nothing

EL DECAMERÓN NEGRO, Leo Frobenius

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LEO FROBENIUS, El Decamerón negro, Ediciones del Viento, A Coruña, 2012, 392 páginas.

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En El otro Decamerón (pp. 9-11) Luis Alberto de Cuenca agradece al editor Eduardo Riestra la edición íntegra de esta colección de relatos recogidos de labios de los bardos de los pueblos del Sahel.
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EL HIJO MIMADO
Muntshi



Un hombre se casó. La mujer quedó embarazada. La mujer dio a luz a una criatura: era varón. La mujer se llevó el niño a la granja. El niño creció en la granja. Trabajaba siempre con la madre. El niño se convirtió en un joven fuerte. La madre le hacía siempre la comida y el joven trabajaba siempre en la granja. El joven se convirtió en un hombre grande y fuerte y la madre le daba siempre la comida y él trabajaba siempre en la granja de la madre.
Llegó gente a la granja. La gente vio al joven. La gente dijo: «¡Qué joven más grande y vigoroso!» La gente le preguntó al joven: «¿No quieres casarte?» El joven dijo: «No, sólo quiero tener comida y con mi madre tengo comida buena y suficiente.»
Un día el padre fue a la granja en donde el joven vivía con su madre. El padre le dijo al joven: «¿No quieres casarte para que puedas engendrar un hijo? ¡Ven, iremos juntos al pueblo!» El padre llevó al joven a su pueblo. El padre le cortó el cabello al hijo. Después que terminó de hacer esto, le dio hermosas perlas. Le colgó collares de perlas al cuello. Le colgó pulseras de perlas alrededor de los dedos de los pies y de los tobillos. Le puso hermosas pulseras en los brazos. Le untó el cuerpo con cintura roja. Le regaló un taparrabo nuevo. Después, el padre le dijo:«Ahora ve y elígete una mujer con la que puedas engendrar un hijo.»
El joven fue. Anduvo por aquí y por allá y miró a las muchachas. Encontró una que le gustó. La llevó a la casa de su padre. Le dijo a su padre: «¡Quiero casarme con esta muchacha!» El padre dijo: «Está bien.» El padre llevó al joven a una choza con la muchacha. El padre dijo: «Esta es tu casa. Entra con la muchacha y duerme con ella para que quede embarazada.» El joven entró con la muchacha. Pero cuando hubo acostado a la muchacha en la cama, salió y corrió a la granja de su madre. Le dijo a su madre: «Madre mía, tengo hambre, hazme una buena comida.» La madre le preparó comida al hijo. Entonces, él se quedó con ella.
La muchacha casada salió de su choza. La muchacha corrió adonde estaba el padre del joven y le dijo: «Tu hijo no ha dormido conmigo. Me llevó a la choza y después se escapó!» El padre se puso en camino. Fue a la granja de su mujer. Le preguntó a su mujer: «¿Está aquí mi hijo?» La madre dijo: «Sí, tu hijo está aquí. Vino anoche y dijo:“¡Madre mía! ¡Tengo hambre! ¡Hazme una buena comida!” Entonces. yo le preparé una buena comida. La comió y se quedó aquí.»
El padre dijo: «Mi hijo se casó ayer. Pero anoche no durmió con su mujer. Corrió junto a ti y te pidió comida. Eso es algo que hay que cambiar. Opino que, si vuelve por comida, le des sólo comida mala o no le des nada. Entonces, regresará con su mujer.» La madre dijo: «Así lo haré.» El padre se fue a la ciudad.
Al cabo de un tiempo, el joven fue adonde estaba su madre y le dijo:«¡Madre mía! ¡Tengo hambre! ¡Hazme una buena comida!» La madre dijo: «¿No te has casado ayer con una mujer?» El joven dijo: «Sí, ayer me casé con una mujer.» La madre dijo: «Si te has casado, entonces ve con tu mujer y haz que ella te prepare comida.» El joven fue. El joven fue adonde estaba su padre y le dijo: «¡Mi madre no me quiere dar más comida!» El padre dijo: «¿No te has casado ayer? ¿Dormiste ayer con tu mujer?» El joven dijo: «No, no dormí con mi mujer.» El padre dijo: «Entonces ve con tu mujer y duerme con ella. Después, dile que te prepare una buena comida. Entonces tu mujer también re dejará satisfecho.»
El joven se fue a su casa. Durmió con su mujer. Después la mujer se lavó y preparó una buena comida. El joven la contemplaba. La joven mujer le llevó la comida. El joven la comió. Cuando terminó de comer,le dijo a su mujer: «¡Entra en la casa! Quiero dormir de nuevo contigo.» Al poco tiempo la mujer estaba embarazada. Dio a luz a un niño. El padre debe educar a su hijo para que sea hombre y marido: pues con la madre sólo aprende a comer.

SUEÑOS DE UN ÍNDIGO, Jomar Cristóbal

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JOMAR CRISTÓBAL, Sueños de un índigo, Micrópolis, Lima, 2016.

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LA HORMIGA

   Hubo una hormiga que conoció la escritura, pero su colonia la rechazó por no ser una trabajadora como las demás. Ella empezó a escribir epopeyas, novelas y teatros hasta que un día renovó su escritura haciéndola tan diminuta como su tamaño, creando así un nuevo estilo. En su nostalgia antes de morir pensó que era la única diferente, no obstante al día siguiente de su deceso, aunque le hubiese gustado saberlo, la colonia decreta dos horas diarias para leer y escribir. La hormiga cansada de todo tocó el acordeón y expiró.

IMÁGENES EN FUGA DE ESPLENDOR Y TRISTEZA, Luis Antonio de Villena

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LUIS ANTONIO DE VILLENA, Imágenes en fuga de esplendor y tristeza, Visor, Madrid, 242 páginas.
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Los ciento dieciocho poemas que componen este libro constituyen un álbum de retratos, por eso no extraña que Túa Blesa lo considere «una autobiografía fragmentaria en poemas».
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SELFIE


¿Caerás, también tú, en la vacuidad de la autofoto? ¿Imaginas, sabes,
cuántos y cuántos autorretratos similares nada valen, inane chatarra de
papel? Y tú, que dices abominar de la basura contemporánea ¿caes
asimismo en esa sórdida adulación? No, soy muy mal fotógrafo, me
conoces, y la vanidad (sobre todo física) se la dejo a los demás, a los
que importan. Tú conoces que no estoy en tal. Como todo joven creí,
algún tiempo ido, que los viejos eran los otros. El joven no envejece
jamás, verdad y mentira imperial. Hasta que Pablo cae aterrado...
Intento hacerme una foto, para habituarme o declarar mi vergüenza.
Sí, este soy yo. Así de estropiciado y de triste y de solo. Ningún encanto.
Haber estado mucho tiempo con jóvenes, a menudo deslumbradores,
me pudo llevar a creerme uno de ellos, uno más, aunque de los menos
interesantes. Mas también es mentira, y total. En mí no hay ni rastros
de real juventud, y hasta la añoranza naufraga en lo vivo. Esta autofoto,
razonablemente mala (o sea, buena) me dirá que ya pertenezco a la vejez
y que tengo sus estigmas, sus manchas y sobre todo su tristeza total.
Esta foto es mi purgatorio. ¿Qué esperas tú, me dice, con tus ojos
cansados? ¿Transformar la realidad en algo menos real? ¿Qué alguno
de esos pajes o farautes transitorios tenga un rato compasión de vos?
¿Te falló el monedero? Mi penoso amigo, burla, búrlate bien, que
lo merezco. La Juventud sigue siendo estremecedora. Lo demás es
lo que sobra de la vida. Buen título a un vulgar autorretrato tosco.
No es bueno buscar en las minas de la ocasión perdida, y ellos
—ahora o antes— están fulgentes en otros retratos maravillosos...
Esta vulgaridad de la que tantos abusan (malos tiempos)
en mi sólo afirma la calamidad del momento, y trata de decir
—a quien corresponda— fácil no es, pero estoy casi dispuesto
a partir. Estoy en el andén final, lo sé, tarde lo que tarde el
tren. Miro los vencejos, la lluvia, a los chicos que huyen de casa
y me digo (les digo): Tened compasión de mi. Nada os turbe, seguid.
Vosotros todos sois la sola luz del mundo. Caediza, sí.
Pero ellos no lo saben y la ignorancia obsequia inmortalidad.
(Vacía autofoto necia. Sueña la vida. No queda más de más.)

ATLAS DE LAS CIUDADES PERDIDAS, Aude de Tocqueville

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AUDE DE TOCQUEVILLE, Atlas de las ciudades perdidas, GeoPlaneta, Barcelona, 2015, 146 páginas.
 
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En la introducción a este ameno libro ilustrado por Karin Doering-Froger, escribe De Tocqueville: «La ciudad perdida es poesía, sueño, decorado de nuestras pasiones y andanzas, y una metáfora de nuestras vidas.»
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TAIWÁN • 25º 14' N • 121° 31' E

SANZHI
«No future»

   Si algún día desembarcaron aliens en nuestro planeta, probablemente lo hicieron en la punta norte de Taiwan. Incluso habrían dejado a orillas del Pacífico dos bases para guardar sus platillos volantes. En realidad, los dos pueblos, aparecidos en 1978 y separados por unos 40 kilómetros, deben su existencia a unos promotores fanáticos del diseño futurista de la década de 1979, la de las sillas tulipa y los vestidos de Courrèges. Las dos nuevas poblaciones estaban concebidas como pueblos de vacaciones de lujo destinados a la burguesía taiwanesa y a las tropas americanas estacionadas en la isla. A 15 kilómetros de Taipei, al oeste, la localidad de Sanzhi se componía a ras de playa de unos quince racimos de seis ovnis de colores acidulados, amarillo, verde, azul, rosa, naranja, gigantescos Smarties reunidos y apilados alrededor de una escalera común. Abrían al mar sus amplios ventanales y rodeaban un frondoso jardín en el que unas piscinas equipadas con juegos y toboganes hubieran debido resonar con los gritos de los niños. Comenzado en 1978, el proyecto fue interrumpido dos años más tarde, incluso antes de acabar las obras. Las principales causas fueron la retirada de los marines en 1979 y la quiebra del constructor, un industrial del plástico, después de la crisis del petróleo. Tal vez hubo otra: los materiales utilizados, una piel moldeada de poliéster y de fibra de vidrio sobre una estructura de cemento armado, tan poco adaptados a los tórridos veranos como a los fríos inviernos y a la inestabilidad sísmica, no contribuyeron a la perennidad de la nueva ciudad. Confundidos por aquella arquitectura de libro de cómics que se deterioraba a toda velocidad, los taiwaneses destilaron sobre el abandono de las obras mil fascinantes leyendas: una serie de muertos o, mejor, de homicidios inexplicados entre los obreros, la presencia en el subsuelo de veinte mil cadáveres holandeses muertos en el siglo XVII, durante la primera colonización de la isla...
Hubo unanimidad en que el lugar estaba embrujado: la presencia de espíritus impedía cualquier intervención mientras que el lugar se transformaba en un triste campo de escombros. Ignorando el escándalo, las excavadoras arrasaron finalmente Sanzhi en el 2010... Queda el segundo pueblo, en Wanli, en la costa este. Olvidado al pie de grandes hoteles a la americana, reúne un centenar de las famosas finlandés Matti Suuronen, en los que se había inspirado Sanzhi. En 1968, el diseñador había creado dos modelos: la Futuro, circular, rodeada de ojos de buey, sostenida por cuatro pies y abierta mediante una trampilla como los aviones, y la Venturo, un cubo aplanado acristalado por los cuatro costados. Casas del futuro, equipadas y todo terreno, desmontables y transportables en helicóptero. Pero el parque de Wanli no tuvo más éxito que Sanzhi. Sólo el visitante pasea entre aquellos bungalós kitsch y deteriorados, rodeados de frondosa vegetación.